Juan de los Muertos: Otra de las películas que se espera con ganas en Sitges, esta comedia de zombis que nos llega desde Cuba, y que vemos a primera hora de la mañana, cumple perfectamente con su cometido, que es el de divertir sin muchas más contemplaciones y aspiraciones. El film está co-producido en España, solo así se entienda la presencia un poco forzada de la chica esta de Física y Química, Andrea Duro.
Rodada con bajo presupuesto y de modo bastante independiente, el film consigue tener algunos elementos visuales realmente admirables, cutres, pero que se agradecen que al menos se intente con un poco de imaginación darle un poco de vidilla al asunto.
El film empieza cuando empieza a aparecer el primer brote de zombis y nos presenta a un par de amigos que se dedican a trapichear con lo que sea para sobrevivir en La Habana, y que acabarán ofreciéndose para acabar con sus seres queridos en caso de que estos se conviertan en zombis. Juan de los Muertos no pierde la oportunidad de ser irreverente políticamente hablando, comúnmente llaman a los zombis disidentes y cosas por el estilo, y aprovecha para hacer crítica social como debe ser en un film de estas características, pero sin perder en ningún momento el sentido del humor.
El Paramo: De una cinta como El Paramo basta decir que salimos la gran mayoría asqueados de la sala, y es que el debut de Jaime Osorio Márquez nos acaba hartando y aburriendo a partes iguales. Mira que la cosa pintaba a priori bastante bien, y el film empieza de forma muy correcta y con una gran puesta en escena y una buena fotografía.
Nos encontramos con un grupo de combatientes que llegan a una base militar abandonada en donde se verán obligados a esperar refuerzos. Allí encontraran extraños indicios de rituales para protegerse del diablo entre otras cosas. El film pasa a convertirse en una especie de survival en el que unos se acabarán volviendo contra otros y donde la confianza irá desapareciendo y tornándose violencia.
Uno espera y espera a que pase algo realmente interesante entre tanta pelea y discusión, de las que apenas llega a entender los insultos que se lanzan unos a otros, entre tanto plano corto que enfoca los rostros de rabia y de furia, pero al final no acaba ocurriendo prácticamente nada, tan solo que resulta ser muy temprano todavía y que cuesta aguantar con los parpados abiertos.
The Prodigies: Que ganas tenia de esta cinta de animación francesa que ha resultado ser todo un acierto y de lo más trepidante que se ha podido ver en el festival este año. Un film con un apartado visual espectacular, plagado de numerosas piruetas visuales, unas más vistosas e impresionantes, y otras más sutiles, como la escena del interrogatorio en la cárcel mezclándose con el flashback, que es realmente sublime.
Pero no solo hay que hablar de su parte más vistosa y quedarnos con eso, porque The Prodigies cuenta con un guión que está perfectamente a la altura, combinando elementos de ciencia ficción con cine de superhéroes al estilo X-Men, en el que un grupo de chicos especiales acaba teniendo tantos problemas que se rebelaran contra el mundo que no los acepta. Tan solo Jimbo, un especial como ellos más mayor y el que los ha reunido podrá evitar la tragedia que se avecina. No hay lugar para muchas ñoñerías en la película, y ni prácticamente para gotas de humor, sino que lo que tenemos es una historia con un enfoque de lo más adulto y un ritmo vibrante, lo que no han sido capaces de ofrecernos algunos blockbusters americanos que han tocado el tema.
Quizás la pirotecnia visual podría hacer restar méritos a su trabajado guión, pero no debería, aunque es evidente que puede resultar algo excesivo para el que guste de un cine más clásico y opine que los efectos tipo Matrix están ya muy vistos. Pero el film a mi gusto combina ambos elementos de manera correcta e incluso su estética de videojuego me parece acertada, vamos, que la he disfrutado como pocas este año.
Sleeping Beauty: Julia Leigh debuta con este inquietante relato sobre la sexualidad, o al menos una curiosa parte de ella, y sobre una joven que se va adentrando en este mundo de forma voluntaria con el solo afán de lucrarse económicamente mientras estudia su carrera.
Lucy es una joven con una sexualidad muy abierta que no duda en acostarse con desconocidos cualquier noche que sale, y que empezará a trabajar primero como camarera en ropa interior para gente mayor de algo nivel adquisitivo y luego aceptará convertirse en La Bella Durmiente, es decir, drogarse para pasar la noche dormida en una habitación y donde no sabrá nada de lo que le sucederá, pero siempre rodeado todo de mucho glamour, sobriedad y seriedad.
El film tiene una factura artística impecable y realmente tiene elementos reseñables, las escenas en las que Lucy duerme en la habitación son prácticamente planos secuencia que no deben haber sido nada fácil de rodar, sobre todo para una Emily Browning que se enfrenta a un papel tan complicado como atrevido, tan difícil como valiente, en el que aparece desnuda buena parte del metraje, y no solo eso, sino en los planos secuencias en los que está dormida y en los que vemos lo que le hacen los clientes. Realmente hay que aplaudir a esta joven que por si alguien lo dudaba, es una de las jóvenes promesas de Hollywood que tiene mucho que decir en un futuro inmediato.
El gran problema del film es que no tiene una estructura clásica, no hay prácticamente distinción entre planteamiento y nudo, y desde luego no hay un desenlace propiamente dicho, con lo que uno se queda a cuadros pensando en que demonios me quiere contar la directora aparte de una muestra de la vida de esta chica y de esta especie de mundo de prostitución glamurosa, pero que acaba llevando a nada.