Crítica: La Hora Más Oscura
Chris Gorak debutó con la estimable Right at Your Door, un film con tintes de apocalipsis donde se centraba en la particular odisea de un hombre encerrado en casa tras un ataque con bombas a la espera de su mujer. Es por eso que no se entiende como Gorak ha podido filmar una soberana tontería simplona como esta La Hora más Oscura que no tiene ningún tipo de continuidad con respecto a su ópera prima.
La Hora más Oscura nos presenta a un par de jóvenes que se desplazan hasta Moscú para presentar un proyecto de software y que se encuentran atrapados en la ciudad en medio de una invasión extraterrestre junto a una pareja de amigas americanas que acaban de conocer en un bar. El film sigue a la estela de películas como Skyline o Battle Los Angeles, aunque me atrevería a decir que un escalafón por debajo que estas, o sea, muy, muy lejos de esa autentico regalazo que es Attack the Block.
La Hora más Oscura apostaba como novedad y aliciente tener unos extraterrestres que son una especie de bolas de energía, pero se muestra incapaz de llegar a profundizar en el tema lo suficiente como para complacernos mínimamente, y todo se queda explicado de manera superficial cuando podría haber dado mucho más juego. Con lo que lo único que nos queda es una película con más poca gracia que otra cosa e incapaz de huir de los tópicos esquemas de protagonistas corriendo de un lado para otro mientras huyen de estos seres.
Ni siquiera hay para deleitarnos la vista sorprendentes efectos especiales más allá de destellos de luz y las muertes que ya hemos visto repetidamente en los tráilers, y como digo, la resolución del verdadero aspecto de los alienígenas es tan decepcionante como pobre y cutre a la hora de efectos visuales.
La hora más Oscura es una autentica tomadura de pelo que insulta directamente a la inteligencia del espectador. SPOILER lo que nos lleva a la escena final cuando todos caen al rio y aparecen en el submarino excepto la chica que resulta se ha perdido y aparece en la otra punta es el giro de guión más patético que he visto en mucho tiempo FIN SPOILER. No hay nada de original en la película y resulta tan solo un desafortunado vehículo de entretenimiento más digno de una telemovie del SyFy Channel que de una película en la que gastarse el dinero en un cine, menos mal que no se ocurrió ir a verla en 3D.
Tercera película de Tarsem Singh y creo que a estas alturas queda claro, por si alguien lo dudaba, de que se trata de un director al que no hay que perder de vista de aquí en adelante. Singh debutó con un thriller bastante convencional en el año 2000, pero sin embargo ya le otorgó un inclasificable estilo visual que se adelantaba a su época y que muchos por entonces no supieron apreciar, algo que ha convertido a aquel film con el tiempo en una pequeña joya de culto. Seis años tardó Singh en volver a rodar, un proyecto sencillo y más personal pero al que nuevamente dotaba de un increíble potencial estético totalmente orgánico, una fábula llena de color y vida propia.
Si hay actualmente una serie de televisión que merezca haber dado el salto a la gran pantalla, si no contamos a Padre de Familia, esa es sin duda Phineas y Ferb, una serie claramente familiar e infantil pero que ha sabido conjugar perfectamente la fórmula para gustar a los más pequeños y además hacerse con el favor del público más juvenil y, porque no decirlo, adulto, que se ha dejado embelesar por unos personajes frescos, unas tramas imaginativas y divertidas, a pesar de tener siempre el mismo esquema, y un punto de frikismo que nos encanta. Y claro, también porque tiene a un ornitorrinco de secundario que es un agente secreto encubierto.
No suele pasar que uno vea una película y acabe tan confuso sobre lo que ha visto que sea incapaz de decidir si le ha gustado o si lo que ha visto es un coñazo pedante de aquí te espero. Es algo que puede suceder con Lynch por ejemplo y algunos directores más, como pasa con Malick. Por un lado, te has visto atrapado por la innegable belleza de sus imágenes, su música y su complejidad, pero por otro lado, acabas totalmente ofuscado ya que deduces que te has perdido la mitad de las cosas inmersas en una simbología metafórica que se te escapa y, también hay que admitirlo, por momentos no has podido evitar algún que otro bostezo que clamaba a dejarse llevar por los brazos de Morfeo en vez de seguir intentando descifrar cada una de sus pretensiones.
Sylvain Chomet nos vuelve a regalar otra maravilla animada después de Les triplettes de Belleville con este El Ilusionista, mucho más melodramática y realista que la anterior aventura caricaturesca y surrealista, pero manteniéndose fiel a su particular estilo de ofrecernos un cine prácticamente mudo en el que las imágenes son suficientes para transmitir las emociones y lo que quieren transmitir sus personajes.
Cada vez que nos llega un nuevo film animado del estudio Ghibli y sobre todo en el que participe Miyazaki hay que estar agradecidos, primero porque está gente, al igual que Pixar, no suele fallar, y segundo, porque el viejo maestro se nos retirará un día de estos, o al menos eso viene diciendo desde hace ya unas cuantas películas, y hay que saborear cada nuevo trabajo suyo como su fuera a ser el último.
Super 8 nos había prometido en sus trailers y avances recuperar el espíritu perdido de las películas de niños de los 80 con Los Goonies a la cabeza y seguida de cerca por Una Pandilla Alucinante, aunque en aquella época también había películas como Exploradores o El vuelo del navegante y alguna más que ahora no me viene a la cabeza, y claro no nos olvidemos de la más famosa de todas, E. T. En la década actual, el cine de aventuras para niños, si no contamos el más que aceptable nivel de las películas de animación, ha sufrido el síndrome Harry Potter, y ha estado buscando sin éxito y además con resultados bastante mediocres, imitar a esta saga con una gran variedad de adaptaciones literarias de fantasía con la única carta para apostar que la de los efectos especiales, pero totalmente vacías de alma y de la que solo Las Crónicas de Narnia ha conseguido seguir adelante con un par de secuelas. Tendría que remontarme hasta el 2003 para dar con una película protagonizada por niños que realmente valiera la pena y que tenia buena parte de ese espíritu de los 80, se trata de La Maldición de los Hoyos.
El Origen del Planeta de los Simios nos devuelve al universo del clásico de ciencia ficción diez años después de que Tim Burton intentara con no demasiado éxito rehacer el film original de 1968. Esta vez se toma como referente una de las secuelas, en concreto la titulado La Rebelión de los Simios de 1972, que nos contaba como una epidemia había acabado con todos los perros y gatos del planeta, lo que había llevado a que los simios acabarán como mascotas de los humanos, que acababan convirtiéndose en sirvientes. En el film había un centro de entrenamiento en donde los monos eran sometidos a entrenamiento a base de palizas y torturas. Cesar era en esta ocasión el hijo secreto de Zira y Cornelius, que en la anterior secuela, la segunda de la saga, huían del desastre nuclear del futuro y viajaban al pasado.
Ni Kenneth Branagh ni Martin Campbell, ha tenido que venir Joe Johnston, quizás a priori el de menor prestigio de los tres, a demostrar como se tiene que hacer un film de superhéroes con cara y ojos, y restregarle así a esos dos su Capitán América. Esta vez, un film de superhéroes si que llega a convencer como sucedía con X-Men: First Class, el otro film de superhéroes que este año se salva de la quema.
DC, junto a Warner Bros., se apunta a sacar partido de su amplia cartera de personajes superheroicos al igual que ya hace actualmente Marvel. Sin tener en cuenta los dos buques insignia de la editorial, que son Superman y Batman, DC tiene un vasto universo de posibilidades con todos sus personajes, pero el primero que ha sido trasladado a la gran pantalla ha sido este Green Lantern, como bien podría haber sido Wonder Woman, Green Arrow, Aquaman o Plastic Man entre los más conocidos..jpg)






