The Thing: Después del chasco que nos llevamos con Sector 7, nuestra última esperanza de encontrar una monster movie decente este año pasaba por esta a priori innecesaria precuela de La Cosa de Carpenter, y hay que decir que contra todo pronóstico el film se salda con un resultado bastante correcto.
La precuela se centra en lo sucedido en el campamento noruego antes de los hechos del film de Carpenter, ellos son los que encuentran al ser alienígena atrapado en el hielo y los primeros en sufrir sus mutaciones. Pero de todas maneras, se sigue centrando en lo mismo que su predecesora, en crear tensión a través de la desconfianza entra los diferentes personajes, ya que cualquiera de ellos puede ser el alienígena, capaz de adoptar cualquier forma.
A pesar de que se podría haber trabajado más el despertar del alien, de que el film no inventa nada nuevo y se limita a copiar lo que ya hizo Carpenter en su día, de que los efectos especiales cantan por momentos, yo he echado de menos los artesanales efectos, esta precuela consigue al menos mantener el tipo y resultar entretenida, y hay que agradecerle el detalle que se marca en los créditos finales como guiño a su antecesora, y que nos deja en situación para lo que sucederá. Si sirve como mínimo para que las nuevas generaciones se sientan interesadas por el viejo film de Carpenter ya cumple su cometido.
Drive: Nicolas Winding Refn cambia totalmente de registro después de films como Valhalla Rising y Bronson, que se vieron hace un par de años y que ya entre ellos no había mucho en común, y se atreve ahora con un thriller de trama clásica de antihéroe pero adaptado a los tiempos modernos pero con un aire retro, con un ritmo pausado pero nada lento y con música pop de fondo.
Drive nos presenta a un personaje que se dedica a hacer de extra en películas conduciendo coches, pero que en sus ratos libres se ofrece como conductor para fugas de robos. Encariñarse con la vecina será su perdición, y acabará ayudando al marido recién salido de la cárcel a cometer un robo que lo dejará todo patas arriba.
Gran parte del éxito de Drive hay que otorgárselo a Ryan Gosling, que compone el personaje del típico duro parco en palabras y con palillo en la boca que desprende carisma por todos lados. Drive viene salpicada además una violencia bastante bruta como la que conocemos de los thrillers asiáticos, ya va siendo hora de que el cine de aquí se empiece a “asiatizar”. En definitiva, Drive es una gran película que disfrutar, sobre todo para los nostálgicos del cine setentero y ochentero de tipos duros contra todo el mundo.
Killer Joe: El film sorpresa este año es este Killer Joe, dirigido por el mítico William Friedkin, el director de El Exorcista, que parece volver a una nueva juventud después de que hace unos años nos sorprendiera con un film tan inclasificable como fue Bug.
Y es que este Killer Joe tiene miga, se trata de un drama con tintes de thriller y de comedia negresima en la que un joven decide matar a su madre para cobrar el seguro de vida y así poder pagar su deuda a la mafia antes de que le maten. Para ello contará con su padre, divorciado de la madre del joven, con el que contratarán a un policía que se dedica a asesino a sueldo en sus ratos libres.
La verdad es que prácticamente todo el reparto del film está impecable, desde Emile Hirsch como hijo fracasado, Thomas Haden Church como padre despreocupado que no se entera y Juno Temple como la hermana menor mucho más lista que todos juntos aunque no lo parezca a simple vista. Pero el que se lleva la palma es Matthew McConaughey en el papel de Joe, el asesino, en un papel tremendamente pasado de vueltas y totalmente desfasado.
Con un final de traca absolutamente sublime, Killer Joe es toda una sorpresa de lo más agradable que nos obliga de nuevo a tener muy presente a Friedkin y a esperar que este hombre nos siga sorprendiendo con películas tan de nuevo inclasificables y refrescantes como esta.