Michael Bay prometió que esta tercera entrega de la saga iba a ser muy superior a la segunda, ya que por aquel entonces pillaron la huelga de guionistas y el film lo acabó pagando. Y efectivamente, Bay nos ofrece un espectáculo mucho más atronador y equilibrado que lo que fue en su día La Venganza de los Caídos, algo que tampoco era muy difícil de hacer, todo hay que decirlo.
Bay vuelve a contar con la totalidad de los protagonistas de las anteriores entregas a excepción de Megan Fox, que ha sido substituida por otra chica despampanante de morritos inflados, Rosie Huntington-Whiteley, que se pasa prácticamente la totalidad del film enseñando palmito y posando para la cámara, algo ya tan propio y característico de la franquicia como los propios Transformers. Se incorporan esta vez al reparto un penoso John Malkovich sobre el que parece que recaen las escenas más ridículas del film, Frances McDormand en la piel de una agresiva jefa de defensa, un Alan Tudyk que no para de ofrecernos interesantes secundarios a los que les saca todo el jugo tanto en cine como en televisión y Patrick Dempsey, conocido por los seguidores de Anatomía de Grey, entre otros.
El film empieza centrándose en el personaje de Shia Labeouf y en mostrarnos su nueva vida lejos de los Autobots, que ahora son controlados por el gobierno, y en como se esfuerza en buscar trabajo después de haber acabado la carrera mientras echa de menos sus tiempos salvando el planeta. Hay que decir que todos los personajes son totalmente planos, o son malos o son buenos, sin término medio, y lo peor es que muchos de ellos son bastante caricaturescos, como los padres de Labeouf, aunque se agradece que en esta ocasión se muestren más comedidos, o John Turturro, cuyo personaje es cada vez más hilarante y cargante.
El humor en esta ocasión encaja bastante bien y es equilibrado, algo que se había ido de madre en la anterior entrega y que aquí está más sutil y más acertado, con algún momento bastante divertido.
Tras un prologo algo alargado del cual podríamos haber recortado tranquilamente una media horita, da comienzo la acción en serio y el despiporre de escenas impactantes en donde Bay se siente esta vez más cómodo con los planos panorámicos en los que muestra toda la escena en su esplendor, y muchas veces a cámara lenta, en vez de los planos frenéticos a los que nos tiene acostumbrados. Y que no falte la escena de persecución en la autopista, algo que no puede fallar en un film del director.
Pese a todo, las escenas vuelven a ser confusas a veces, por lo que cuesta diferenciar en algunas ocasiones a Autobots de Decepticons, o incluso a estos entre ellos, lo cual no es nada nuevo, ya era un problema en los otros films, y que viene provocado por ese diseño de Tranformers que se asemeja más a un cúmulo de chatarra que a otra cosa, lo que causa además que las transformaciones de vehículo a robot sean igual de confusas que siempre, no te enteras de nada y de repente ya tienes un coche, brillante y lustroso como si acabara de salir del tren de lavado. Esto provoca que las peleas entre Transformers también se vean afectadas por este caos de formas poco definidas y cambiantes.
Transformers: La Cara Oculta de la Luna es un regreso de la franquicia al buen camino, al del cine palomitero en su mayor expresión, sin mucha chica pero con un mínimo de calidad para que no nos tengamos que echar las manos a la cabeza cada cinco minutos, un espectáculo de acción y efectos visuales de impresión para deleitar la vista y dejarse llevar.