Siempre ha habían hecho gracia los films de Harry Potter, que sin ser gran cosa, salvo honradas excepciones, me resultaban amenos y simpáticos por su temática mágica, su cuidada puesta en escena y sus historias de misterios, simples pero resultonas. Pero lo que está consiguiendo David Yates con sus dos últimas películas es que mi paciencia con esta saga llegue a su límite, y sabiendo que se va a ocupar de los dos últimos films, que me plantee muy seriamente el visionado de estos.
Y es que lo que antes era un entretenimiento bastante efectivo, ha pasado a convertirse en total indiferencia y casi a rozar el aburrimiento. Con este último film me ha sucedido algo parecido al anterior, y es que le busco coherencia a la trama central y un hilo conductor que se vaya desarrollando y que te atrape, y no lo encuentro. No consigue darme la sensación, como si pasaba en otros films, de que todo sucede en el curso de un año, de que la historia avance y se centre en el misterio de turno. Solo me parecen una sucesión de escenas hilvanadas con muy poca gracia y mal planeadas que no acaban de encajar ni de mostrar cierta continuidad.
Ya se que los libros son unos tochos de consideración y que adaptarlo todo en un film no debe ser tarea fácil, pero lo que no se puede hacer es ir metiendo recortes y escenas sin intentar darle al conjunto un mínimo de sentido narrativo y de emoción al asunto.
El trío protagonista ya se está haciendo mayor, ya llevan 6 años en el colegio y eso se nota en que tienen las hormonas bastante revueltas. La amenaza de Voldemort es cada vez mayor, y eso se nota en el inicio de curso. Harry unirá fuerzas con el director de la escuela, un Dumbledore que cada vez se parece más a Gandalf, para dar el paradero de Voldemort. La trama gira alrededor de un misterioso libro que encuentra Harry y que pertenece al Príncipe Mestizo, cosa que se acaba resolviendo de un plumazo y sin dar mayores explicaciones. Esta vez los amigos de Harry están más preocupados de sus líos amorosos que de ayudar a Harry, y es que no aportan nada más que eso en todo el film. Lo peor de todo es que después de 2 horas y media, todo lo importante del film lo podríamos resumir en 5 minutos, teniendo la sensación de que nos han colado más paja que otra cosa.
El humor que se puede ver resulta de lo más patético, no hay efectos especiales reseñables ni de interés, lo más destacable es como se desploma un puente de Londres que realmente no aporta nada ni sirve de nada, totalmente gratuito.
Supongo que se nos ha preparado para lo que vendrá, poniendo las bases de los dos últimos films que serán el final de la saga. Yo no se como serán los libros, a estas alturas me da una tremenda pereza enfrentarme a tamaña cantidad de páginas que supone leerse todos los libros, pero espero que lo que nos cuenten, sobre todo estos dos últimos adaptados, sea algo con más cuerpo y provecho que lo que se nos ha ofrecido en el cine. Mucho tendrá que mejorar la cosa para que servidor se gaste más dinero en Harry Potter and the Deathly Hallows.