
True Blood es la nueva serie, que se emitirá en HBO, de Alan Ball, el creador de A Dos Metro Bajo Tierra. Ball se adentra esta vez en un mundo de vampiros que nada tiene que ver con lo visto hasta la fecha. Nos situamos en un hipotético futuro en que los japoneses logran sintetizar sangre artificial, lo que provocará que los vampiros salgan a la luz e intenten unirse a la sociedad ahora que esta ya no ha de temer por que beban su sangre. La sangre se comercializa en forma de botellines bajo la marca Tru Blood.
Alejándose del suceso a escala global, la serie nos sitúa 2 años más tarde del anuncio de los vampiros, y se centra en un pequeño bar donde trabaja nuestra protagonista, Anna Paquin en el papel de Sookie Stackhouse, una chica especial que puede leer la mente de las personas. Allí aparecerá el primer vampiro en visitar el bar, que será centro de atención rápidamente y cuya atracción con Sookie será inmediata.
A Ball no le interesan mucho los vampiros en sí, y se centra más en la reacción que provoca uno de ellos en un pequeño grupo de personas, claramente metáforas de racismo y de sentimientos amor-odio que pueden llegar a provocar. Ball tiene tiempo de introducir muchos más detalles que enriquecen la serie, que no cuento por no explicar demasiado, y es capaz de crear situaciones y diálogos tan surrealistas como ácidos.
Este primer capítulo no pone en situación y nos hace una rápida presentación de personajes, principales y secundarios, y sienta las bases para el discurrir de la serie, donde se plantea la incognita de quien es realmente Sookie y de donde viene su misterioso poder, algo que seguramente iremos descubriendo poco a poco a lo largo de la serie.
Muy buena sensación me ha causado este primer capítulo de True Blood y es fijo una de las serie a las que pienso engancharme en cuanto comience la temporada, que parece ser será en septiembre.