Más Allá de Sitges 2007 VII: Dainipponjin, Km. 31 y Mushisi

Empiezo bien el día con Dainipponjin que es un film que como mínimo diríamos inclasificable. Mezcla de falso documental tragicómico donde asistimos a los quehaceres diarios del superhéroe protagonista, un pobre hombre más odiado que admirado y que cuando Japón es invadido por monstruos gigantes se aplica grandes corrientes eléctricas para aumentar su tamaño y luchar contra ellos. Esta es la otra parte donde vemos estas escenas de luchas maravillosamente resueltas y donde reside toda la grandeza del film, con unos curradísimos efectos especiales que contrastan con la sencillez de las otras escenas rodadas con una sola cámara. La combinación de estos dos elementos y su extraño final hacen del film algo realmente digno de verse pero como bien digo antes difícil de clasificar. Pero esto es lo que venimos a ver a Sitges, extraños films que difícilmente tendrán salida comercial y que se alejan de lo que cada semana podemos ver en las salas. Una rareza que bien seguro habrá que reivindicar a lo largo del tiempo.

Km. 31 es una película de terror que nos llega desde México y que no consigue alejarse de los clichés del cine típico de terror de sustos a pesar de contar con una interesante historia, unas buenas formas y un buen hacer pero que no acaba de convencer debido a la innecesaria complicación de su trama y a unos desvaríos que no viene a cuento. Cuando su hermana gemela sufre un misterioso accidente y acaba en coma, Catalina parece tener una conexión telepática con ella que la llevaran a esclarecer lo ocurrido y que tiene que ver un misterioso niño que su hermana dice haber atropellado antes del accidente.

Mushisi era la nueva y esperadísima incursión de Katshujiro Otomo en el cine de acción real y que además está basada en un manga de mismo nombre. En el nos explica las vivencias de un extraño doctor que viaja ocupándose y sanando a la gente que tiene problemas con los mushisi, una especie de insectos invisibles que ha veces llegan a usar a las personas como huéspedes. Lo que en principio iba a ser un entretenido film de fantasía y magia se acaba convirtiendo en un autentico aburrimiento debido a que Otomo nos propone un film demasiado intimista y pausado. Eso no quita que esté rodado con gran belleza de paisajes y unos elegantes efectos especiales bien tratados. Ya digo que quizás fue mi impresión de que iba a ver un film más movidito y animado, pero lo cierto es que acabe demasiado aburrido, con constantes bostezos e incluso dormitando en algunas ocasiones.

Menos mal que la noche se arreglo de madrugada, donde se le entrego la maquina del tiempo a Robert Englund, que además era protagonista de la película que se pasó a continuación, Jack Brooks: Monster Slayer y que fue un absoluto deleite. Una película de monstruos de corte clásico, con efectos artesanales, divertidísima y entretenida, y que me llegó a recordar en las formas a Slither. Jack Brooks es un joven con problemas para controlar la rabia, trabaja de fontanero y va a clases nocturnas donde un inspiradísimo Robert Englund hace de profesor. Este profesor se irá convirtiendo en un monstruo poco a poco debido a un extraño objeto encontrado en su casa que se apoderará de él. Una de las películas que más he disfrutado en este festival, y es que ya no hacen films así, sin sustos ni efectos raros de cámara, todo un disfrute que nos recupera el cine de terror de monstruos de los ochenta.

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