Crítica: Los Ojos del Mal (See No Evil)
Un grupo de jóvenes presidiarios formarán parte de un nuevo proyecto de colaboración entre reformatorios para juntar a un grupo de chicos y de chicas durante unos días en el saneamiento de un viejo hotel. Para los chicos es una oportunidad de hacer algo diferente y salir unos días de la cárcel, pero para el guarda encargado de vigilarlos son una bomba de relojería que puede explotar en cualquier momento. Pero lo que nadie se espera es que en el viejo hotel habita un extraño hombre que hará que su estancia se convierta en una pesadilla, un hombre cuyo pasado está estrechamente ligado al del guarda.
El cine de terror juvenil es un genero que hace ya mucho tiempo se encuentra gastado y con una clara falta de nuevas ideas y de innovación, y se limita a repetir esquemas una y otra vez cambiando el entorno, el asesino y sus armas, y ofreciéndonos unas serie de muertes siempre previsibles y en el mejor de los casos algo originales y vistosas. A lo más que puede optar un película de estas características es a tener una notable realización, tener una historia de fondo lo suficiente interesante para que lo que va sucediendo en la pantalla logre tener algo de interés y no sea tan solo una mera sucesión de muerte, y que su asesino sea algo minimamente original y esté minimamente definido.
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