Empieza la película, y a modo de prólogo animado, una animación minimalista y simple pero a la vez preciosa, Shyamalan pone las reglas bajo las cuales habremos de afrontar el film. Si no se entra en el juego, si no se respetan las reglas, si no se cree en ellas, corremos el riesgo de que lo que vayamos a ver nos parezca una soberana tontería. Pero si entramos en el juego que nos propone el director, disfrutaremos de una de las mejores películas de genero fantástico que podremos ver este año.
Shyamalan nos vuelve a mostrar de nuevo un pequeño universo, un bloque de pisos del que no salimos en todo el metraje, que se verá alterado bajo una presencia sobrenatural. Nos vuelve a mostrar también, y es una de las cosas que mejor sabe hacer, el retrato de un hombre vacío, perdido en la vida y sin rumbo a seguir, triste y solitario, sumido en la rutina de la que será arrancado, a la vez que se verá forzado a superar sus miedos.
Paul Giamatti se encarga de dar vida al protagonista de la cinta, Cleveland, en una gran interpretación, un personaje miedoso y tartamudo, que se ocupa del mantenimiento de los pisos, y que progresivamente se irá superando para lograr ayudar a la joven que ha aparecido en la piscina y de la que, siguiendo las pistas, ira descubriendo poco a poco su identidad y como llegar a salvarla. La joven salida del agua, interpretada por ese gran descubrimiento de la anterior película de Shyamalan que fue El Bosque, Bryce Dallas Howard consigue llenar la pantalla con su mirada y su dialogo escueto, tanto que acabas contagiado de su fragilidad, su miedo y su tristeza.
Se nos presenta además un gran elenco de secundarios, de diversas razas y muy peculiares, que viven en los pisos, el propio director se encarga de dar vida a uno de ellos. Todos y cada uno de ellos tendrá su pequeño momento de gloria dentro del film, todos participaran para intentar ayudar a la joven, llenos de esperanzas y ganas por creer que ayudan a un ser mágico, sin reservas a ello, cada uno tendrá que ocupar su lugar y su identidad en la misión.
Destacar también la maravillosa música a cargo de un habitual en las películas del director, James Newton Howard y que llena de emoción cada momento y sobretodo resalta las escenas dramáticas con una sencilla melodía de piano.
Lo que de entrada se prevé como un guión predecible se va complicando a medida que avanza el film con nuevas sorpresas y nuevos datos, donde nada es lo que puede parecer en principio. Shyamalan además se encarga de introducir sutilmente una dura respuesta a todos aquellos críticos que vienen destrozando sus películas en forma de personaje, un crítico de cine que se muda al bloque y que presume de saberlo todo.
Sin duda no defraudará a los que esperábamos con ansias una nueva entrega del director y conocemos su cine, pero es probable que consiga desagradar a aquel que se acerque, insensato, a ver otra cosa, que espere una película de terror, una película a lo grande, una película plagada de criaturas mágicas generadas por ordenador, o cualquier otra cosa. No, lo que nos ofrece Shyamalan es, ni más ni menos, que un cuento, un cuento pequeño e intimo, un cuento que poder disfrutar antes de ir a dormir como si fuéramos niños de nuevo.