
Espero que me perdonéis el morro de hacer una crítica de una película de la cual sólo pude soportar quince minutos, pero cuando uno tiene las pupilas gastadas de tanto ver películas, con quince o veinte minutos le basta para levantarse de la butaca.
Para empezar, os sitúo en el momento en que vi esta película: una sesión golfa del último festival de cine fantástico de Sitges.
Eran las dos y pico de la mañana, y os aseguro que yo no esperaba encontrarme con ninguna joya del séptimo arte (ni ganas!), sólo me apetecía pasar el rato y hecharme unas cuantas risas con la última producción de Quentin Tarantino, que al paso que va acabará convertido en el Santiago Segura del cine americano (el “amiguete” gracioso de todos, vamos) .
Antes de empezar “Hostel” , una guapa presentadora introdujo a Tarantino y el director Eli Roth (responsable de la meritoria “Cabin Fever”), ante el clamor del patio de butacas….
Fue tan grande la ovación que más que el productor de una película parecía el barça jugando en casa.
Tarantino se pasó todo el rato tirándole los tejos a la presentadora (yo creo que si la cosa hubiera durado un poco más , hasta le hubiera tocado las tetas) , y explicó que en esta película, intentaron hacer una crítica del comportamiento infantiloide y maleducado de los turistas americanos cuando viajan a europa…
!Vamos anda! , sólo empezar la peli , al amiguete Tarantino se le ve el plumero:
Unos turistas americanos, jóvenes y absolutamente gilipollas ,llegan a un país de la “recóndita” Europa donde les han dicho que están las mujeres más guapas y “putonas” del mundo (sic).
Llegan allí, y efectivamente , se encuentran con unas tías macizas y calientes que les piden para follar sólo bajar del tren…
En este punto , yo me preguntaba donde estaba la supuesta crítica que Tarantino nos había prometido, y en lugar de eso, la historia da un giro (copiado literalmente de la sorpresa de “Abierto hasta el amanecer”) , en el que los turistas americanos son secuestrados y (literalmente) masacrados en un lóbrego sótano por perversos y sádicos torturadores (europeos, claro).
En ese momento , deduje que la (maldita) gracia del asunto iba a ser asistir a un desfile de torturas y sadismo elevado al cubo: dedos de los pies cortados con una tijera de podar, martillazos que desencajan hueso de su sitio, y mientra se oían incomprensibles risas de fondo (yo no le vi la gracia), decidí que todo esto ya lo había hecho antes (y con mucha más gracia) la productora “Troma” (os remito a la salvaje y divertida “Blood Sucking Freaks”).
Para quitarme el mal sabor de boca, decidí irme a tomar un cubata a un bar cercano al cine, donde pude corroborar que ni tarantino ni Eli Roth se habían quedado a ver su obra: estaban en el bar , donde continuaban tirándole los tejos a la presentadora …